El eje transversal es: hacer la voluntad de ABBA. Desde la niñez, acostumbramos a modelar a nuestro papá y nuestra mamá, Ellos nos instruyen, nos guían, aprendemos así, a hacer todas las cosas y actos. Cuando estas instrucciones se han instalado en nuestra mente, en nuestro cerebro, como programas o chips de directivas, En próximas situaciones similares, Ya sabemos qué hacer mediante instrucciones, chips o programa, instalados en nuestra mente nuestro cerebro, de tal suerte que nuestros pensamientos e ideas, se conducen así a desarrollar todo acto de nuestras vidas desde la infancia. Desde la juventud en adelante, Se ha consolidado la personalidad individual, Elegimos y decidimos hacer todo acto de acuerdo a esos parámetros, adquirido durante la infancia.
Hasta aquí hemos hablado de cómo nuestra voluntad elige y decide hacer todas las cosas, toda acción, todo acto en el desarrollo de nuestras vidas. Y seguimos así durante toda nuestra vida física, desarrollando toda actividad individual y colectiva en la sociedad en la cual nos desarrollamos. De alguna forma, estas instrucciones, chips o programas instalados en nuestra mente, en nuestro cerebro, podría decirse que están hasta cierto punto ordenadas, de tal manera que, pensamientos e ideas se ordenan, creando conceptos de las situaciones o cosas externas e internas. Como nuestro cerebro es un organismo altamente desarrollado, es capaz de hacer este ordenamiento de información y muchas cosas más.
En general, esa es la forma de cómo desarrollamos el bagaje cultural durante toda nuestra vida en la familia, en la escuela, en la sociedad y en el trabajo. Consideremos lo visto, como las actividades en la dimensión física. Ahora veamos toda actividad en la dimensión espiritual y comencemos a visualizar el camino directo hacia ABBA. Simultáneamente al aprendizaje cultural en todo espacio social, aprendemos la idea de Dios, el pensamiento de un Ser Eterno y sus atributos infinitos sobre todas las cosas. Posiblemente, durante la niñez, durante los primeros años de vida, experimentamos situaciones espirituales, sueños o visiones sobre Dios. No obstante, se pierden o pasan a un segundo plano, debido a la prioridad cultural, las responsabilidades sociales y roles en nuestro desarrollo.
Aquí es donde interviene la participación en las actividades religiosas de la familia, de la sociedad. Pero que limita el desarrollo espiritual de la niñez, de la juventud, con actividades mecánicas tradicionales, costumbristas, que no pasan de ser representaciones físicas, sociales, culturales, con el ánimo de entender lo espiritual, lo divino pero de forma muy superficial de lo que realmente debe ser. Debemos entender entonces, cuál debería ser el rol de papá y mamá en la familia, de los maestros y maestras en la escuela, en torno al pensamiento y la idea de un ser eterno por sobre todas las cosas. Luego, llega el momento de valorar el método espiritual que hemos aprendido de generación en generación, en el sentido de encaminarnos hacia ABBA en forma adecuada y correcta, abandonando la liturgia, los ritos y los dogmas.
Continuará...

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